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Selvio

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TE MONTE

TE MONTE Ya estábamos desnudos, ya la tenías bien parada, te la había estado mamando durante los últimos quince minutos, pero me habías dicho que sólo eso querías, que nunca tea habías cogido a un hombre y no te motivaba la idea...

Yo seguí insistiendo -Te va a gustar- al principio te negaste, pero luego lo pensaste mejor y, cuando me levanté del suelo y me fui sentando de frente sobre tu cuerpo, me la empezaste a meter despacio...

Con la mano fui guiando tu deliciosa y firme barra de carne a la entrada de mi culo, no te fue dificil penetrarme, yo sé cómo ablandar mi entrada pero aún así me arrancaste un par de gemidos con un poco de dolor que poco a poco se fue convirtiendo en indecible placer...

Al sentirte atrapado dentro de mi cuerpo no te quedó más remedio que gozar, y vaya que lo hiciste y olvidaste por completo que los senos que lamías eran mas pequeños que los de tu novia y las nalgas que pellizcabas eran también menos voluminosas...

-Ahora voltéate- me pediste, me levanté y te dí la espalda, me volví a sentar sobre tu verga pidiéndote que me la hundieras entera y empecé a cabalgarte, tu animal era enorme y esta vez no tuve que guiarlo para que me la metieras lentamente por el culo...

-Me gusta ver cómo te la comes toda con el culo- y al oírte me animé a cabalgarte más y más duro, tu firme verga salía y entraba resbalando con facilidad por mi ano...

-¡Más duro!- me pediste aunque yo le daba con todas mis fuerzas y estando en eso me propinaste una sonora nalgada...

Me tomaste por el cabello y me lo jalaste como si fuera la correa de una yegua nalgona y me estuvieras montando, fue tanto mi esfuerzo que quede casi sin fuerza y me desplomé sobre la cama, pero hasta allí me seguiste para continuar cogiéndome ahí tirado como si me estuvieras violando, duro y duro hasta que tu verga estalló y me llenaste el recto con tu leche haciéndome sentir un placer más que mayúsculo, sentí tus contracciones y tú sentiste las mías y me dejaste las nalgas y las piernas escurridas con tus líquidos y los míos...

DETRAS DEL BAR

DETRAS DEL BAR La parte de atrás del Bar estaba oscura y solitaria, el local ya estaba cerrado, era más de media noche y aunque no me dijo nada, yo entendí que había la posibilidad de tener algo con él.

Fausto, dijo que así se llamaba, estaba un poco tomado y le rocé el miembro a través del pantalón, él reaccionó accediendo a mis caricias y entonces ya no tuve que disimular...

Le desabotoné el pantalón, muy despacio mientras su respiración se aceleraba, palpé la punta de su miembro, estaba húmeda, con la yema de uno de mi índice extendí la humedad por toda la cabeza mientras sus dedos, como reacción a mis caricias, se incrustaron en mi espalda y bajaron hasta llegar a mi trasero, apretándolo con la ansiedad que nace de las ganas de coger.

Me excitaba pensar que nuestras agitadas respiraciones atrajeran algún mirón indeseable, pero no había ni un alma en la cercanía...

Fausto acercó su cara a mi cuello y empezó a besarme apasionadamente mientras deslizaba una de sus manos desde mi pecho hasta mi estómago y desde ahí hasta mi trasero...

Me acarició por encima de la ropa, mis jadeos aumentaron mientras que mi mano seguía acariciándole la punta del miembro, luego se lo apreté con fuerza y lo moví despacito hasta hacerle estremecer de placer...

Su mano siguió buscándose un lugar entre mi ropa y su dedo más largo mostró su insolencia al meterse lentamente en la raja de mi culo, me lo abrió sin consideración y cuando estuvo adentro empezó a hacer círculos para abrírmelo más y sentir mi calor interno...

Mis uñas se clavaron en su espalda mientras mis caderas empezaron a moverse para gozar de sus caricias y mi otra mano se movía entre su miembro y sus bolas cada vez más rápido para devolverle el favor...

Él, al sentir la presión de mi ano sobre su dedo, empezó a empujar mas fuerte para introducir otro dedo y me dió con sus dedos como su me estuviera penetrando.

Mi mano apuraba sus caricias y les daba más fuerza, a veces paraba y jugueteaba con la yema de mis dedos en su húmeda y dura cabeza mientras lo que más deseaba era besársela...

Me arrodillé delante de él tomado su enorme trozo de carne con mis manos, me lo acerqué a la boca y me lo metí con ganas de gozarlo entero...

Él me acariciaba la nuca y me empujaba para animarme a comérmela, la punta de mi lengua se concentró en rozar la punta de la verga, humedeciéndola más con mi saliva, le pasé la lengua por todo lo largo, se la mojé completa y me la metí toda, él se movía para bombearme con ese durísimo pistón...

Se la tomé con la mano y mientras se la jalaba, hacía chocar su cabeza contra mis labios, sacaba la lengua y se la lamía, metía la punta dentro de mi boca y la rozaba con los dientes...

Él me tomaba por la nuca y seguía con ese coito oral, cada vez se movía con más fuerza. Yo estaba calientísimo y le pedía que me diera su leche en la boca, él me pedía que me calmara, que lo hiciera despacio, estaba gozando en grande (y yo también)...

Fausto empezó a gruñir fuerte mientras le acariciaba los testículos con los dedos y le chupaba la verga con ganas...

Cuando sentí que iba a terminar, la saqué de mi boca y lo empecé a masturbar apuntando a mi boca, moviéndosela rápido, pasándole la lengua por la punta, esperando a que soltara un chorro de mecos...

Al cabo de unos segundos sentí el semen sobre mi lengua, abrí la boca y me metí su verga de nuevo para sentirlo inundar mi cavidad bucal con su abundante semen, era tanto que lo sentí escaparse por la comisura de mis labios, él me acariciaba la cabeza y me agradecía con una sonrisa la deliciosa mamada que le acababa de regalar, esa fue la única noche que nos vimos.

En el Cine de la Calle Main

En el Cine de la Calle Main -Vamos al cine porno de la calle Main- me dijiste

-Las películas estan buenas y ahí podemos zingar- prometiste…

Tú nunca tenías dinero así que yo tuve que pagar las dos entradas

Entramos a la oscura sala, estaba semi-vacía, había puros hombres solos y se sentía un rico ambiente de lujuria oculta…

En la oscuridad me empujaste por la espalda y me guiaste hasta la última fila, hasta un rincón donde la pared estaba desnuda, se podían ver los ladrillos que la componían.

Sin hablar nos sentamos y casi luego luego me abrazaste. Al principio yo estaba paralizado, el corazón me latía fuertemente y sentía una gran debilidad en las piernas.

Me metiste la mano bajo la camisa y me la desabrochaste, mientras con la otra acariciabas mis muslos.

Ni siquiera podía pensar, ya no me importó el lugar, ni si nos miraban... sólo quería que me hicieras el amor allí mismo, que soltaras a ese animal sexual que tienes dentro y me hicieras tuyo.

Me desabroché el pantalón y me lo bajé hasta las rodillas, me levanté un poco para que tu mano pudiera recorrer mis nalgas, me las acariciate suave y fuerte a la vez, me moría del placer.

Yo me retorcía en el asiento mientras tú me tocabas, justo cuando iba a soltar un gemido de placer, me metiste un dedo en la boca.

Te lamí el dedo de arriba abajo, te desabroché la bragueta y, despacio, me agaché entre tus piernas, te deseaba tanto. Te la chupé con todas mis ganas, tú me agarrabas fuerte de la nuca y me dirigías la cabeza.

Me levantaste la cara y con la mirada me invitaste a que me sentara sobre tu hombría, me acomodé sobre tí y me penetraste mientras me tapabas la boca con una mano y con la otra me acariciabas el miembro…

Nos dimos placer por largos minutos y nuestros esfuerzos se vieron recompensados al provocarnos un orgasmo simultáneo, yo terminé sobre el piso al mismo tiempo que tú me llenabas de mecos el recto.

Cuando terminamos nos quedamos quietos; yo sentado sobre tu fuerte estaca, escurriendo tu leche por detrás de mí y la mía por la punta de mi miembro, los mirones volvieron de ver la película y yo esperé hasta que se te ablandó la carne para levantarme y que nos pudieramos vestir.

Un Recuerdo Del Club

Un Recuerdo Del Club Bus estaba dándose un regaderazo en el club cuando sintió unas manos por atrás, sintió unos dedos inquisidores cerca de su abertura anal y su eterna, y casi enfermiza, disposición al placer le hizo aceptar las caricias sin siquiera mirar al que se las proporcionaba.

Comenzó a retorcerse, abrió los ojos y fijó su vista en el miembro varonil de aquel desconocido, estaba bien parado, la punta se encontraba caliente y goteando ese dulce lubricante natural que segrega la verga cuando se apresta a prestar su vigoroso servicio.

El desconocido le abrió las piernas a Bus y le clavó el miembro duro entre las nalgas, Bus estaba bien prendido, extasiado al sentirse así penetrado, con movimientos lentos, el fierro entraba y salía, su respiración se agitaba y no podían contener los gemidos de placer que salían de sus bocas.

Mientras le tenía ensartado de esta forma, se dio cuenta de que si apretaba mis piernas y se movía, sentía un placer mayor, cuando la punta de esa durísima tranca oprimía cierta parte dentro de él, esa presión le hacía sentir que iba a alcanzar el punto máximo del placer, pero entonces el desconocido se calmaba, disminuía el ritmo y movía su miembro en círculos, Bus lo tomaba con gran gusto y placer...

Sus nalgas se apretaban tratando de hacer gozar más al valiente desconocido, no quería que parara, pero penso que estarían más cómodos en el cuarto...

- Vámonos al cuarto - le dijo, mientras él aumentaba el ritmo de sus empujones

- ¡¡Quiero venirme en tu boca!!! - murmuró el hombre en su oído

- Sí, dámelo - rápidamente se la sacó, se arrancó el condón, se dió una enjuagada veloz y mientras Bus se incaba y abría la boca se la metió en ella, la verga del desconocido estaba babeante, Bus la tomó con la mano y la apretó para ordeñarle el semen, pronto disparó un chorro caliente que se tragó gustoso, después de secarse se fueron al cuarto.

Se recostaron en la cama, se le paró de nuevo pero estaba un poco cansado, no pudo penetrarlo con la fuerza de antes y prefirió salirse de él para complacerle de otra manera...

Separó sus nalgas y poniendo su cara entre ellas, comenzó a lamerle el ano y a morder el interior de sus glúteos y toda esa parte de su trasero, Bus no podía contener unas contorsiones de placer...

Esa insolente y juguetona lengua se movía en todas direcciones y sus labios succionaban la entrada de su culo provocándole unas convulciones muy cachondas, él sabía que Bus quería sentir algo duro en su orificio así que metio su dedo en el agujero y siguió mordiéndole las nalgas, no supieron cuanto tiempo estuvieron de esa manera, pero cuando el desconocido se sintió listo, se irgió, y le metió la verga, una y otra vez, hasta que volvió a venirse.

Fué una de las mejores experiencias de Bus, una que recordaría siempre, de hecho, algunas noches le gusta recordarla, revivirla en su mente, para gozar de ese cuerpo de nuevo y al hacerlo toca su pecho y sus nalgas, piensa en él, en lo que le hizo sentir aquella vez y se encamina solo al borde del clímax.